Cuida tu metro cuadrado
Me considero afortunada, ya que, aunque ya hace 34 años que hice mi último curso en E.G.B. he de decir con una gran sonrisa, que aún, al menos cada 2 años, nos reunimos a celebrar una cena aquellos que terminamos juntos el 8º curso. Tras la pandemia, parece que nos está costando retomar esta costumbre, aunque se vislumbra alguna quedada de cara al próximo septiembre, ¡qué ilusión!
Recuerdo una con especial cariño. Aquella noche cenamos en el Koska, restaurante que llevan dos compañeros de la Ikastola; Aitor de nuestra misma quinta y su primo Arkaitz, de un curso inferior. Son grandes hosteleros, y nos tratan siempre de maravilla, además de tener muy buen ambiente y ser un lugar donde se come de primera.
Después de varios zuritos y/o vinitos previos y tras alguna que otra botella de buen rioja acompañando a la cena, unos cuantos nos encontrábamos de sobremesa en torno a unos gin-tonics inmersos en una interesante conversación, de esas donde al terminar tenemos la sensación de haber arreglado un poco este mundo en el que vivimos. La conversación me arrastraba con una sensación de impotencia, en la que me veía como una hormiguita frente a un mundo hostil que está llevando a la sociedad y a este planeta a un final inevitablemente trágico.
Un mundo ansioso por tener más… más cantidad, más grande, más rápido…
¿Dónde queda la calidad de las cosas, la calidad humana? Ser amable, tratar bien a la gente y tener o ser suficiente, parece que no está de moda.
En un momento en el que expresaba al grupo esta sensación, la de sentir no poder hacer nada para cambiarlo, mi compañero de la derecha, Imanol, me dijo muy pausadamente: “Belén, tú lo único que debes hacer es cuidar tu metro cuadrado, con eso ya estás haciendo mucho” Esto que me dijo Imanol me trajo inmediatamente a la mente la mítica frase:
Se tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo
Mahatma Gandhi
No sé si por los caldos bebidos o por la intensidad de la conversación, pero ese fue un momento esencial en mi vida, una bola dorada de las de Riley,
Definitivamente fue un click en mi cabeza y me hizo ver, pensar y valorar de distinta forma mi manera de enfrentarme al mundo. Retomé la ilusión por pensar que una sola persona puede cambiar su entorno, y empecé a hacer las cosas de otra manera, procurando transmitir estos valores a mis hijas, en ocasiones acertaré y en otras erraré, pero siempre con pasión, ilusión y humildad.
Aunque por mucha ilusión y pasión que le pongas, los cambios no son ni fáciles ni rápidos. Son muchos años para “desaprender” malos hábitos, creencias… así que decidí tomármelo con calma. No se trata de ganar la carrera a la tía más solidaria de mi barrio, jajajajj… si no de conseguir algo a largo plazo y procurar contagiar al de al lado, buscando crear un efecto dominó.

Un día comencé a echar la mitad de pasta de dientes al cepillo. Sabemos que lo ideal es buscar otra alternativa a la pasta, aunque de momento ya conseguía algo; gastaba y contaminaba la mitad.
Otro día Ana, una prima muy querida para mí, me comentó que comenzó a consumir azúcar de comercio justo. Como costaba el doble que la normal, empezó a echarse la mitad, de tal manera que, además de hacer un consumo responsable, cuidaba más su salud. Esto me motivó a hacer la compra de otra manera: compra de barrio, producto de proximidad… Otro cambio que ha sido transformador en mi vida es procurar ser amable (no siempre es fácil). Te invito a escuchar este video de Victor Kuppërs, que habla sobre la amabilidad. Es muy inspirador, y además te reirás un rato.
Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz
Madre Teresa de Calcuta
¿Recuerdas la peli de Haley Joel Osment Cadena de favores ?
Un niño imagina un curioso sistema para mejorar el mundo; hacer favores desinteresadamente. Para sorpresa de todos, la generosa propuesta causa furor entre la gente. Es una película sublime, con un mensaje que invita a abrir nuestra mirada y tomar conciencia de cómo se puede incidir positivamente en el bienestar de otros. Provoca la reflexión en torno al altruismo, la preocupación por el bienestar común, y la confianza como elemento base para actuar e impactar en el mundo.
Podemos imaginar un mundo donde la mayoría de la gente cuidara su metro cuadrado en cada momento del día, de una manera desinteresada, generosa, amable… ¿cómo sería este mundo? ¿Es una utopía o una realidad alcanzable? ¿Soy inocente, soñadora o… visionaría?
Es fácil, aunque resulta difícil; más cuando acabamos de pasar esta pandemia a la que hacíamos mención al principio de esta entrada; que… ¡nos iba a hacer mejores! Lo que realmente ha conseguido es acrecentar nuestro individualismo. Vamos más que nunca a la nuestra o nos olvidamos de que vivimos en un mundo en el que, solos no somos nadie. Como bien dice un proverbio chino:
Si caminas solo irás más rápido, Si caminas acompañado llegarás más lejos
Proverbio chino
En este blog hablaremos del mundo inmobiliario, de decoración, interiorismo, arquitectura… espacios donde el metro cuadrado es tan importante en su concepto técnico. Campos, en muchas ocasiones más fríos, duros, competitivos… pero que no olvidemos que giran en torno al hogar y la familia, por lo que le daremos la vuelta y trataremos su aspecto más amable, sostenible, comunitario… que bien tratado son piezas claves para crear una sociedad equilibrada. También trataremos temas sobre sostenibilidad, bien común, economía circular…
Así pues, en este espacio a partir de ahora cuidaremos nuestro metro cuadrado, y esperaremos con ilusión tu aportación. Es un espacio abierto a la crítica, siempre constructiva, a la aportación de conocimientos e ideas.
Te voy a provocar un poco..
Si has llegado hasta el final de esta lectura, entiendo que es porque algo te ha removido. Te propongo que ahora mismo pienses en un cambio que puedes hacer hoy mismo, cualquier cosa por pequeña que sea, y que te comprometas a llevarla a cabo. En una semana podrías volver aquí y nos encantará que nos cuentes qué ha provocado este cambio en tu vida y en la de los que tienes cerca.

